Leyendas de Monterrey: la bailadora del diablo

Para que Monterrey pudiera ser instaurada oficialmente, hicieron falta 3 intentos. Los primeros dos, llevados a cabo en 1577 y 1582, fueron misiones fallidas, debido a que los lugareños eran muy resistentes a los ataques españoles, que tenían el propósito de colonizarlos. Sin embargo, en 1596 llega Diego de Montemayor, instaurando un nuevo orden en la región y fundando la capital del Nuevo Reino de León.

Desde esos tiempos, se comenzó a instaurar un legado cultural que ha ido aumentando hasta nuestros días, mientras se introduce en la vida cotidiana de los habitantes de Monterrey. Una de las piezas que producen más interés de la cultura de un lugar, son sus leyendas. Aquí va una que escuché una vez mientras dejaba mi elección entre los hoteles en Monterrey:

En la calle que actualmente se conoce como Abasolo, solía vivir una joven solitaria, acompañada de su madre viuda. Ambas estaban un poco alejadas de la sociedad de Monterrey, ya que eran muy criticadas por algo: el gran gusto de la muchacha por bailar. Aunque no tenía amigas, la muchacha iba a todos los bailes, pues nunca faltaba algún joven que la invitara. Y una vez que estaba ahí, todos hacían fila para poder bailar, aunque sea una pieza, con ella. De esta forma, la seriedad del carácter de la joven se ponía en entredicho.

Una noche, cuando estaba lista para asistir a un baile, la madre le preguntó a su hija que quién la acompañaría esa noche. Ella, molesta por la interrogativa, le respondió: pues con el primero que toque a la puerta. La madre, enojada con la respuesta, le reclamó: Seguramente te irías con el diablo si te lo pidiera. De repente, se escuchó a alguien llamando a la puerta.

La impresión que le causó el muchacho que la esperaba en la entrada la dejó totalmente sin palabras. Vestido completamente con un traje negro, el joven sonrió mientras extendía su brazo, sugiriéndole que lo tomara. Ella, sin pensarlo dos veces, lo tomó.

La noche completa bailaron juntos. Ella se sorprendía cada vez más de los dotes de bailarín de su acompañante, y se preguntaba por qué no lo habría visto antes. No obstante, era tarde y debían volver a su punto de partida. Al llegar, el joven la abrazó y, cuando la rodeaba con sus brazos, comenzó a sentir un ardor insoportable en toda la piel, lo cual aumentó cuando se separó y sintió su rostro totalmente rasguñado.

El dolor que se colaba en la piel de la muchacha desprendía un poderoso aroma a azufre. Los gritos que exhalaba eran cada vez más intensos y dolorosos, incluso para quienes sólo observaban su estado. La madre llegó totalmente desfigurada de preocupación y casi se desmaya cuando vio a su hija en tal estado. Corriendo, la llevó a un convento que se encontraba cerca, pero las heridas eran demasiado profundas, y la muchacha no tardó mucho en morir.

Esta leyenda es sólo una de las muchas que corresponden a las calles de Monterrey. Si te interesan este tipo de historias, podrías consultar sobre la existencia de tours dedicados a las leyendas de la zona, pues te podrían gustar mucho.