Los grandes ídolos: René Escobar

 

¿Qué héroe de civilizaciones antiguas no ha caído?, ¿qué héroe de ficción no se ha levantado de sus cenizas? René Escobar, héroe en ascenso.

Recuerdo que durante una clase de literatura, hablaba a mis alumnos sobre la importancia de los dioses. Y estos, limitados por su profunda soberbia y su vida eterna, eran incapaces de comprender el significado de la muerte y de la vida. Esos dioses, al igual que sus civilizaciones, cayeron uno a uno y se han vuelto historia, objeto de estudio y miles de cosas más, incluidas canciones, películas y obras de arte.

Esta tradición de ver engrandecer al otro, espejo de nosotros como sociedad, continuó con los cómics. Estos héroes modernos, trágicos, surgidos –por ejemplo- como el Capitán América durante la Segunda Guerra Mundial para motivar a las tropas, mueven a los grupos sociales, los inspiran, les dotan de valores, al tiempo que brindan una imagen a proyectar al resto del mundo. Revisemos por un momento lo anterior: Superman, Capitán América y Spider Man son héroes que visten, de algún modo u otro, la bandera de Estados Unidos. Colores azules, blancos y rojos. Colores que identifican a una nación, que dotan a un país de una marca y que, en un mismo momento, ejercen un soft power a partir de la diplomacia cultural popular.

Cada héroe, mítico o de cómic, tiene un origen trágico o humilde. Una necesidad se expresa en sus vidas, los hace acercarse a sus poderes y aceptar que su destino no está en la cotidianeidad de los hombres ni en su vulgar vida cualquiera, sino en sobresalir, en dar ese don a la humanidad que los rodea. La diferencia entre los héroes de antes y los modernos, es que los de ahora no se endiosan, sino sufren, luchan, tienen una vida propia.

Sin embargo, hay héroes de verdad. Héroes de corbata, de oficina, que andan las calles como andar los combates. Portan por escudo la palabra, y su único poder es la tenacidad con la que sostienen sus proyectos e ideales. Hombres así, a la altura de Winston Churchill u Otto von Bismarck ha visto pocos la historia. Hombres así, que se comportan más allá de su propio destino y momento histórico, como Gilberto Bosques.

René Escobar es un héroe en ascenso. Detrás del traje y la oficina cuidada, detrás de cada movimiento de mano y amabilidad podemos encontrar al hombre que, vistas las circunstancias de su época, está a la altura de cada circunstancia, esperando seguir dando y brindando a los demás, pero también sobresaliendo y teniendo éxitos. La palabra, su palabra, es verbo vuelto batalla.